Sánchez tropieza y adelanta las elecciones
Pedro Sánchez disolvió el Parlamento y convocó elecciones para el 29 de noviembre, tres días después de que el Congreso le tumbara dos decretos de vivienda. Junts, el PP y Vox votaron en contra y el Gobierno se quedó sin mayoría. El socialista salió a decir que necesita una mayoría más amplia para terminar sus reformas. Traducción: le faltan votos para seguir mandando.
La jugada tiene un efecto colateral enorme. Disolver las Cortes borra todos los proyectos en trámite, incluido el que daba la nacionalidad a unos 200.000 saharauis. La ley electoral fija las urnas 54 días después de la disolución, y el 29 de noviembre es el primer domingo que encaja. El Gobierno ha informado al Rey y formaliza la decisión hoy mismo.
Las encuestas apuntan a un cambio de color. Sigma Dos, en un sondeo para El Mundo cerrado el 1 de octubre, da 140 escaños al PP, 63 a Vox y 103 al PSOE. Otras siete encuestas recopiladas por Demócrata sitúan al PP y Vox entre 201 y 213 escaños juntos. La mayoría absoluta está en 176 de los 350 asientos. El CIS estatal, cómo no, sigue colocando al PSOE primero.
Hay un detalle delicioso. El partido que encabeza las encuestas es justo el que intentó salvar la golden visa en 2024, cuando el Gobierno la enterró. Y lo que tumbó a Sánchez fueron dos decretos pensados para intervenir el mercado del alquiler. Cuando el control de precios no funciona, en vez de cambiar de idea, se convocan elecciones.
Oriol Molas, de la firma Orience, avisa de que las encuestas no son resultados y que Sánchez ha elegido su campo de batalla a propósito, en plena bronca por la vivienda. Tiene razón en lo segundo: la izquierda se moviliza mejor cuando le hablan de alquileres. Pero eso no cambia la cuenta. Al final los escaños se deciden por un puñado de votos, y los que pagamos la fiesta seguimos siendo los mismos.

