Criptomonedas

Cripto ya no inventa activos, ahora les pone precio

El valor de cripto ya no está en crear monedas nuevas, sino en poner precio a lo que antes no tenía mercado. Lo sostiene Annabelle Huang, cofundadora de Altius Labs, en un artículo de opinión para CoinDesk, y el argumento tiene más sustancia de la que parece.

Durante su primera década el sector se dedicó a inventar activos: primero Bitcoin, después Ether y sus competidores, y más tarde los tokens de gobernanza, los NFT y las memecoins. La fórmula era siempre la misma, crear una clase de activo digital y montarle un mercado alrededor.

Ahora el foco cambió de lugar. Huang señala tres ejemplos que ya funcionan: los mercados de predicción, los perpetuos de petróleo y oro en Hyperliquid y los perpetuos de empresas antes de salir a bolsa. Son productos que abren mercados en tiempo real sobre cosas que ya existían, como noticias, materias primas o compañías privadas, y que hasta hace poco no tenían forma de cotizarse.

La diferencia clave es el horario. Los mercados tradicionales operan a salvo de sobresaltos solo en horario laboral, y las empresas privadas se revalúan nada más que en rondas de financiación o ejercicios contables esporádicos. Los mercados sobre blockchain funcionan 24 horas todos los días, así que absorben la información en el momento en que aparece en lugar de esperar a la próxima sesión.

Hay una trampa que conviene no perder de vista. Comprar un perpetuo ligado a una tecnológica privada no es tener acciones de esa empresa. No hay derechos de accionista ni derecho a los flujos de caja, solo exposición al precio. Aun así, a mucha gente le basta con expresar su apuesta, que es lo mismo que llevan haciendo los mercados de derivados desde hace décadas.

Para que la cosa funcione de verdad hacen falta máquinas que aguanten el ritmo: latencia baja, capacidad, liquidez profunda y confiabilidad. Si blockchain quiere ser el motor global de descubrimiento de precios, tiene que resolver esos cuellos de botella primero. Por ahora va ganando terreno a la vieja usanza, sin pedirle permiso a nadie.

Moraleja: el negocio del futuro no está en fabricar dinero nuevo, sino en ponerle un número a todo lo que nadie se animaba a cotizar. Los reguladores, como siempre, van a llegar cuando la fiesta ya terminó.