El desierto de Atacama se llenó de flores
17.000 kilómetros cuadrados del desierto de Atacama amanecieron cubiertos de flores, una superficie parecida a la de toda la Región Metropolitana de Santiago. Es el florecimiento más extenso e intenso que se registra en el norte de Chile desde 1997.
El fenómeno se conoce como desierto florido y llegó después de lluvias excepcionales en julio y agosto de 2026, tras un periodo marcado por el Súper El Niño. En algunas zonas cayeron entre 160 y 190 milímetros de agua, cifras que no se veían desde la década de 1950, según la Corporación Nacional Forestal.
El dato que pone las cosas en perspectiva es la media histórica. Atacama recibe unos 15 milímetros de lluvia al año, así que lo de este invierno fue casi un diluvio sobre el lugar más seco del planeta. Esa agua despertó el germoplasma que llevaba décadas dormido bajo la tierra: semillas, bulbos, tubérculos y hasta huevos de invertebrados y reptiles que esperaban su momento.
César Pizarro, jefe de Conservación de la Biodiversidad de Conaf, explicó que hay cerros y cordilleras donde no se veía vegetación desde hace más de treinta años. Las mismas lluvias que provocaron inundaciones y destrozos en otras regiones de Chile fueron, en el extremo norte, la señal para que el desierto se pusiera a florecer.
Vale la pena decirlo sin adornos. Ningún ministerio, ninguna agencia ambiental y ningún presupuesto público lograron lo que hizo un poco de lluvia a tiempo. La naturaleza se arregla sola cuando se la deja, y después llegan los funcionarios a sacarse la foto.
Moraleja: el desierto más árido del mundo guardaba vida bajo la arena esperando el día adecuado. El problema rara vez es la falta de recursos, sino la falta de paciencia para esperar a que lleguen.

