En pijama y a tiros contra los carpinchos
Un vecino de Nordelta, en el Gran Buenos Aires, salió a su jardín en pijama a cuadros con una pistola en la mano y disparó contra un grupo de carpinchos. Otros residentes lo grabaron en video y lo denunciaron. El hombre ya quedó identificado y bajo investigación.
Las imágenes lo muestran caminando por el borde de la piscina mientras apunta hacia los animales. Los videos circularon primero entre los vecinos y después entraron a la causa como parte de las denuncias iniciales ante la administración de Los Alísos. No hay un gran misterio policial: el que disparaba en pijama es un vecino más del barrio cerrado.
El asunto de fondo es más incómodo que el video. En Nordelta la población de carpinchos creció hasta volverse un problema cotidiano, y la comunidad está partida en dos. Unos empujan medidas para protegerlos y otros piden acciones para reducir su presencia, porque los animales se meten en los jardines, se comen el césped y destrozan lo que encuentran.
El pijama con pistola es la caricatura perfecta de ese conflicto. Un barrio que se vende como paraíso privado y tranquilo, con seguridad propia y reglas para todo, termina con un señor disparándole a la fauna autóctona desde el borde de la pileta. La naturaleza no leyó el reglamento de la urbanización.
La moraleja no es sobre carpinchos. Es sobre la manía de creer que con un muro, una cuota mensual y un guardia en la entrada se resuelve todo. El conflicto con el vecino de al lado, o con el animal que se cruza, sigue estando adentro del cerco.

