Criptomonedas

Las cripto compraron su propia bancada

Fairshake, el gran comité de acción política de las cripto, invertirá en 32 escaños de la Cámara de Representantes: 13 demócratas y 19 republicanos, todos diputados que ya están en el cargo. Seis de ellos recibirán un millón de dólares cada uno. El mensaje es simple: la industria no compra ideología, compra asientos.

La lista, según confirmó un portavoz del super PAC, está llena de nombres cómodos. Casi todos van a distritos donde la reelección es casi un trámite, lo que deja al sector con amigos bien colocados en los comités que escriben las reglas. Entre los republicanos aparecen French Hill, presidente del comité de Servicios Financieros de la Cámara, Bill Huizenga y Bryan Steil. Del lado demócrata, Steven Horsford, que empujó un proyecto de impuestos cripto, y Derek Tran.

El discurso oficial es que Fairshake es una organización de temas, no de partidos. “Apoyamos a candidatos pro-cripto que respaldan la innovación estadounidense en ambos partidos”, dice el portavoz Geoff Vetter. Suena bonito hasta que uno mira la cuenta bancaria: 53 victorias de 57 primarias y una meta confesa, el “mayor bloque pro-cripto de la historia de Estados Unidos”.

El detalle incómodo es que el dinero no lleva la etiqueta de cripto. Fairshake gasta en publicidad independiente y nunca menciona el tema en los avisos: elige los argumentos con más chance de mover al votante y los dispara. La causa real se esconde detrás de un mensaje que no tiene nada que ver con blockchain.

Después de años vendiéndose como la tecnología que iba a eliminar a los intermediarios, la industria descubrió que la política es el mejor intermediario de todos. Y lo aprendió rápido: donde antes había un manifiesto sobre la libertad, ahora hay una bancada propia. Bienvenidos al sistema que decían querer reemplazar.