FIFA esconde las cuentas y la UEFA se harta
La UEFA le dio a la FIFA hasta el 2 de noviembre para entregar los papeles del fallido plan de venta del Mundial. El organismo europeo firmó la carta, con fecha del 19 de octubre, exigiendo los documentos del FIFA Forward Enterprise, el esquema de 4.200 millones de dólares con el que Gianni Infantino quería vender el 20% de los derechos comerciales del torneo y que tuvo que abortar en julio por la bronca europea.
La lista de preguntas es un retrato del desmadre. Los europeos quieren saber por qué la FIFA buscó inversores externos pudiendo pagar de sus propias reservas, qué se hizo con el premio de la paz y qué relación tiene con Donald Trump, cómo se decidieron las sanciones disciplinarias del Mundial de 2026 y cuánto paga la FIFA por alquilar oficinas en la Trump Tower. A eso se suma lo publicado por The Times: Infantino habría cobrado una remuneración extra en 2024 que no aparece en el informe anual. La FIFA responde que no paga un segundo sueldo y que cumple con todas las normas de transparencia.
Los abogados del organismo, por su parte, acusan a la UEFA de acosar a su presidente. Es la respuesta clásica de toda burocracia acorralada: cuando no puedes explicar los números, atacas al que pregunta. Infantino asistió como acreditado al Mundial de 2026 con los gastos cubiertos por la FIFA durante más de cinco semanas, escuchó las dudas en el consejo y las despachó pidiendo que se las enviaran por escrito para la reunión de Doha del 16 de diciembre. Traducido: déjenme para después.
A estas alturas a nadie debería sorprenderle. La FIFA funciona como cualquier otra institución que se cree por encima de la ley: mucho presupuesto, cero rendición de cuentas y una fe inquebrantable en su propia impunidad. La denuncia europea toca todos los palos, desde las cuentas ocultas hasta las sociedades con Trump, y aun así Infantino va camino de ser reelegido sin rival el año que viene. El fútbol será el deporte rey, pero su gobierno se parece demasiado a un ministerio sin elecciones.

