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Nintendo te vende la Switch 2 a medias

249 GB útiles de los 256 que anuncia la caja. La Switch 2 llegó con más memoria que la original, pero en el mundo de los juegos AAA eso se agota en dos descargas. Final Fantasy VII Remake Intergrade se come 90,4 GB él solo, Assassin’s Creed Shadows pide 69 y Resident Evil Requiem casi 29.

Y encima los juegos en físico ya no salvan nada. Nintendo cobra más por ellos que por la versión digital, y buena parte de los lanzamientos llegan en tarjetas Game-Key que solo traen la licencia y te obligan a bajar el juego entero. El cartucho es un adorno. Te venden la caja y el contenido lo pagas aparte, en datos.

La solución que te ofrecen es una tarjeta microSD Express. No vale la de tu Switch vieja, ni la Extreme de SanDisk, ni ninguna normal. Solo funciona la que dice Express o lleva el logo EX, y es justo la más cara del mercado. Con la escasez de RAM de por medio, una de 256 GB ronda los 60 dólares y una de 1 TB se va a varios cientos.

Nintendo, además, recomienda usar una sola tarjeta, porque el software repartido entre varias no se puede juntar después. O sea, compra grande de entrada y aguanta. Los datos de guardado, por cierto, viven en la memoria interna y no se pueden mover a la tarjeta. Ellos deciden dónde va cada cosa.

El mensaje es el de siempre. Pagas la consola, pagas el juego, pagas la memoria y luego la suscripción. Cada pieza por separado y ninguna opcional. La Switch 2 no es un producto, es una cuota mensual disfrazada de regalo de Navidad.