Libertad

Italia te cobra el 26% por irte

26% sobre ganancias que el contribuyente todavía no ha cobrado. El proyecto de presupuesto italiano, enviado a la Cámara de Diputados el 30 de octubre, incluye un impuesto de salida que grava la plusvalía latente de quien se lleva su residencia fiscal fuera del país. La medida, escondida en el artículo 17 de un texto de 157 artículos, apareció en el paquete sin anuncio previo.

El umbral es alto pero no absurdo. Aplica a quien se va con bienes y derechos por valor de al menos 800.000 euros, siempre que haya sido residente fiscal en Italia durante seis de los diez ejercicios anteriores. El reloj empieza a contar para las salidas con efecto desde el 1 de enero de 2027.

Hasta ahora, solo empresas y empresarios individuales pagaban al mudarse al exterior por el artículo 166 del texto único de rentas. El nuevo artículo extiende la regla a los inversores privados, que hasta la fecha podían marcharse sin tributar por lo que no habían vendido. Italia se ha dado cuenta de que la plusvalía que no se realiza sigue siendo riqueza, y quien deja de tener poder para gravarla la pierde para siempre.

El pago vence en 180 días desde el traslado. Quien se mueva a otro país de la Unión Europea o a un Estado con convenio de cooperación fiscal puede aplazar la factura hasta vender los activos, pero debe adelantar el 50% y presentar garantías. La deuda viaja con el contribuyente, le guste o no.

La letra pequeña tiene su detalle. Los bonos del Estado tributan sobre una base reducida del 48,08%, lo que deja el tipo efectivo en el 12,5%, el mismo que Italia ya aplica a su deuda pública. Traducido: si tienes el dinero invertido en el propio Estado italiano, te tratan mejor que si lo tienes en acciones. El fisco siempre protege a su pagador favorito.

La moraleja la firma la propia Hacienda italiana. Durante años vendieron el país como destino fiscal para ricos extranjeros, con flat tax y trato de favor. Ahora, cuando el rico quiere irse, le ponen precio a la puerta. Nadie debería sorprenderse: el mismo Estado que te seduce para entrar te factura para salir. El derecho a marcharse es el activo que ningún gobierno respeta.