Latam

Una avioneta cae sobre una guardería con 180 niños

Una avioneta agrícola se estrelló el viernes 23 de octubre contra el edificio de una guardería en Campo Verde, en Mato Grosso, donde había cerca de 180 niños de entre uno y cinco años. El aparato impactó a unos 400 metros de la pista y, según los primeros reportes, no hubo ni un solo menor muerto. El único herido fue el piloto, de 28 años.

La cámara de seguridad grabó el instante exacto del golpe. El piloto quedó consciente, sentado fuera de la zona de impacto, con una herida e hinchazón en el lado izquierdo de la cabeza, dolor y una deformidad en el pecho. Los bomberos lo inmovilizaron y lo trasladaron a un hospital. Antes de caer sobre la guardería, la avioneta arrancó el techo de un centro de salud cercano.

La alcaldía informó que las clases se reanudarán cuando terminen las reparaciones, y el departamento de educación municipal aclaró que la parte dañada del edificio no la usaban los alumnos. También dijeron que la aeronave no llevaba productos químicos, lo que evitó que el susto se convirtiera en algo peor. Todo cierto, todo tranquilizador, y todo al margen del asunto de fondo.

El asunto de fondo es por qué hay una guardería con 180 criaturas pegada a una pista por la que despegan avionetas agrícolas. En cualquier país con un mínimo de planificación, un aeródromo y una escuela no se ponen a cuatrocientos metros, y menos en un pueblo que crece sin freno. Que el avión cayera en el trozo que no usaban los niños no es un mérito del sistema, es una tirada de dados que salió bien.

Nadie va a dimitir porque un día la suerte aguantó. La próxima avioneta quizá caiga medio metro más a la izquierda, y entonces los mismos responsables que hoy firman comunicados de alivio tendrán que explicar por qué nadie movió la pista antes. El riesgo se podía haber eliminado hace años con una decisión aburrida. Ahora depende del viento.