La visa dorada griega se atasca en su propio papeleo
Grecia tenía 25.970 solicitudes de visa dorada pendientes a finales de septiembre de 2026, menos de la mitad del pico de 52.821 que registró en marzo de 2025. El Ministerio de Migración celebra que por fin se mueve la cola, pero leer los números con calma cuenta otra historia. De todas esas solicitudes, 19.008 son de familiares y renovaciones, el 73%, y solo 6.962 corresponden a inversores principales.
El sistema tardó año y medio en bajar de la mitad del pico. Entre agosto y septiembre la lista se recortó en 3.303 expedientes, y el ministerio los cuenta juntos porque engorda los meses pasados cuando le conviene publicar el boletín. El éxito consiste, en la práctica, en dejar de deber lo que ya tendría que estar resuelto hace tiempo, y eso es una forma curiosa de vender eficiencia.
Las cifras de permisos son de risa floja. En los doce meses hasta septiembre de 2026 Grecia emitió 10.677 permisos iniciales a inversores principales, mientras recibía apenas 5.136 solicitudes nuevas. Emitió el doble de lo que le entró, que no es señal de buen funcionamiento sino de desahogo, porque estaba tan atrasada que ahora entrega lo que debía de antes. En 2024 llegó a recibir 9.371 solicitudes anuales y en 2025 bajó a 7.018.
Los consultores del sector lo dicen sin disimulo. Serhan Aysever, de Beyond Global Partners, avisa de que el problema no es despachar papeles sino que el proceso sea predecible, y recuerda el caso de Portugal, donde los retrasos y la incertidumbre administrativa terminaron espantando a los inversores. Christos Vardikos, abogado griego, sostiene que ahora el sistema funciona bien. Los dos pueden tener razón a la vez, aunque eso no arregle nada.
El fondo del asunto es el de siempre. Cuando el Estado convierte la residencia en un producto, la calidad de ese producto depende de la humildad de su burocracia, y la burocracia no tiene ninguna prisa. El inversor que paga cientos de miles de euros no compra solo un permiso, compra la promesa de que las reglas no van a cambiar bajo sus pies. Esa promesa es la que Grecia sigue debiendo.

