Latam

Flávio se proclama presidente desde Miami

4,4 millones de votos de diferencia y una carta desde Estados Unidos. Flávio Bolsonaro perdió la segunda vuelta brasileña contra Lula da Silva el domingo y el miércoles publicó un comunicado en el que se autodenominaba “el verdadero presidente electo”. Veintidós minutos después borró esa frase y puso “líder de Brasil”, pero mantuvo la acusación de fraude sin presentar una sola prueba.

El hombre que denuncia un pucherazo huyó del país con su familia y aterrizó en Miami incumpliendo una orden judicial que le obligaba a entregar el pasaporte. Desde allí anuncia que hará oposición. La escena tiene su gracia: un senador que se dice víctima de un sistema amañado aprovecha el mismo sistema para subirse a un avión antes de que lo llamen a declarar.

Los números del fraude tampoco ayudan. La votación se prorrogó dos horas y en ese tramo votaron 34.330 personas, la mayoría en los primeros cinco minutos, sobre un total de más de 124 millones de votos. La diferencia final fue de 64.256.232 a 59.826.041. Para sostener que hubo robo hace falta explicar cómo esas 34.330 papeletas mueven 4,4 millones de votos.

El Tribunal Superior Electoral salió a responder. Kassio Nunes Marques, nombrado por Jair Bolsonaro, afirmó que los comicios se celebraron “dentro de la más absoluta normalidad” y que los recursos presentados por la vía legal serán contestados. Su propio partido, el PL, había reconocido el resultado dos días antes. El exjefe de campaña, Rogério Marinho, fue más claro: “No hay pruebas”.

Nada de esto exime al sistema brasileño de sus vicios, que son muchos y viejos. Pero una denuncia sin pruebas y una huida a Miami no son oposición: son un regalo al adversario. Si vas a acusar de robo, lleva los recibos; si no los tienes, el que queda como ladrón eres tú.