Flávio Bolsonaro huye a Florida y Trump le abre la puerta
Flávio Bolsonaro perdió el domingo 48,21% contra 51,79% de Lula y, menos de 24 horas después de que la Justicia le ordenara entregar sus pasaportes, se subió a un avión rumbo a Estados Unidos. Aterrizó en Florida en la noche del martes, según la BBC, con los documentos diplomático y ordinario ya cancelados.
La secuencia es de manual. Dijo que nunca pensó en salir del país y que iba a entregar sus pasaportes para defenderse de esta aberración. El mismo hombre que prometió liderar la oposición brasileña estaba a bordo de un vuelo horas más tarde. Su propio jefe de campaña, Rogério Marinho, confesó que no tenía noticias de su paradero.
La presión no era poca. A partir de enero, Flávio pierde el fuero que le dieron más de dos décadas de senaduría, y en febrero se queda sin esa armadura ante varias investigaciones: corrupción, financiación ilegal de campaña e injerencia extranjera en los comicios. El fuero era el paraguas, y el paraguas se cierra en semanas.
Trump no tardó nada. Un alto funcionario del Departamento de Estado anunció, sin dar la cara, que Washington expedirá visas a Flávio y a su familia y les permitirá entrar. La misma potencia que predica mano dura contra la impunidad le abrió la puerta a un investigado en fuga.
Lula lo resumió a su manera: quien sale escondido de su país es que debe alguna cosa. Tiene razón, aunque venga de quien viene. Aquí nadie es el héroe. Un senador que corre antes de que le quiten el blindaje, un expresidente condenado a 27 años esperando a su hijo, y un país que exporta sus escándalos al mismo estado de Florida que ya sirvió de refugio a Jair.
El que huye es porque debe y el que lo recibe es porque le conviene. La política internacional funciona exactamente como usted ya imaginaba.

