La turba que mató al enfermero del ébola
Un enfermero que trabajaba en la respuesta al ébola en el este de la República Democrática del Congo fue asesinado a machetazos por una turba que lo acusaba de propagar la enfermedad a través del agua. El ataque ocurrió en Bafwasende, en la provincia de Tshopo, cuando la víctima y un compañero, un profesor que colaboraba en labores de concienciación, se detuvieron a revisar un terreno. El profesor sobrevivió.
Los hechos, según el memo que maneja Reuters y confirmó la Organización Mundial de la Salud, fueron tan absurdos como crueles. Un grupo de personas que construía una casa al lado empezó a gritar que los dos hombres contaminaban los ríos y los retretes con el virus. A ese grupo se sumaron jóvenes armados con machetes y palos. El enfermero murió en el sitio antes de que llegara la ambulancia del hospital donde había trabajado durante años.
El brote que intentaba frenar es el peor que ha conocido el país. Se declaró el 15 de mayo, lo causa la cepa Bundibugyo y sigue sin vacuna aprobada. El instituto de salud pública congoleño reportó el viernes 9.964 casos confirmados y una letalidad cercana al 48,6%, con más de 4.700 muertos. Ocho provincias pelean contra un virus que avanza, y en Tshopo la respuesta se apoya en personal local que ahora tiene miedo de salir a la calle.
La reacción oficial llegó rápido y por escrito. Julien Harneis, coordinador de la ONU para el ébola, condenó el ataque y pidió una investigación a fondo. La muerte de un enfermero en Bafwasende es una pérdida para la respuesta y una pérdida aún mayor para los pacientes, escribió. Tedros Adhanom, director de la OMS, repitió que quien protege a las comunidades de una enfermedad mortal debería poder trabajar con seguridad. Nadie discute esas frases.
Lo que no cabe en los comunicados es la parte incómoda. En un pueblo que lleva meses enterrando vecinos, alguien decidió que la culpa la tenía el enfermero que iba a avisarles. Eso no es un arrebato de ignorancia aislado: es lo que pasa cuando un brote se gestiona con promesas y helicópteros en lugar de agua potable, médicos y confianza. El virus no mata por desinformación. La desinformación solo decide a quién le toca morir primero.

