Libertad

Bruselas decide sobre lo que no entiende

Burócratas que no saben absolutamente nada del sector toman decisiones sobre él basándose en suposiciones completamente falsas. Lo dice James Muscat Azzopardi, abogado maltés con casi tres décadas asesorando a grandes patrimonios, en una entrevista con IMI Daily. No es un tipo con ganas de bronca: es alguien que vive desde 1998 de que la gente pueda mudarse de país y pagar por hacerlo.

Su mayor preocupación profesional no es la competencia, ni los clientes, ni la tecnología. Es la interferencia de la Unión Europea. El abogado describe un aparato que redacta normas para un negocio que desconoce, aplicando criterios inventados y arruinando un mercado que da trabajo y dinero a países pequeños. Malta vendiendo residencia y ciudadanía le repugna a Bruselas, aunque a Bruselas no le tiemble el pulso cuando reparte pasaportes a dedo por intereses políticos.

Lo interesante es ver qué clientes están llegando. Muscat Azzopardi confiesa que el mayor cambio del último año ha sido el interés de los estadounidenses. Durante años, los norteamericanos casi no aparecían por este mercado. Ahora miran con seriedad una segunda residencia o un segundo pasaporte, algo que él no habría predicho. Cuando los ciudadanos de la primera potencia empiezan a buscar una puerta de salida, conviene preguntarse qué les está asustando.

Hay una contradicción que nadie en Bruselas quiere mirar de frente. Los mismos funcionarios que llaman lavado de dinero a que un inversor compre residencia en Malta aprueban sin pestañear rescates bancarios, planes de deuda y fondos que enriquecen a los de siempre. El pecado no es que la gente rica se mueva, es que se mueva sin pedirle permiso a un comité que se cree dueño de las fronteras ajenas.

Los programas de residencia y ciudadanía por inversión no son un agujero negro fiscal, son la respuesta de países chicos para sobrevivir en un club de grandes que les dicta las reglas. Si Europa quiere que la industria desaparezca, que lo diga claro y asuma el coste. Lo que no puede hacer es matarla a regulaciones sin firmar el acta de defunción. La hipocresía de los que legislan sobre lo que no entienden siempre acaba pagándola el de siempre.