Libertad

Atenas te vende la visa por 250.000 euros

El visado dorado griego tiene un precio distinto según dónde compres. En casi todo el país el mínimo son 400.000 euros, pero si el piso está en Atenas la cifra se dobla hasta los 800.000. Traducción: el Estado griego no quiere que los inversores extranjeros compren en la capital, y usa el precio como barrera.

El problema es que todo el mundo quiere Atenas. Es la ciudad que la mayoría ha visitado alguna vez, con la Acrópolis por encima y el mar a un tranvía de distancia, y además es donde están los inquilinos dispuestos a pagar un alquiler. A 800.000 euros, el juego se acabó para casi cualquiera.

Pero hay una puerta lateral, y el mercado ya la ha encontrado. Los apartamentos que salen de convertir un edificio comercial en vivienda tributan al tramo de 250.000 euros, Atenas incluida. Por eso la mayoría de las solicitudes nuevas van por ahí: comprar un local viejo reconvertido en pisos amueblados sale más barato que comprar una casa normal, aunque el ladrillo sea exactamente el mismo.

Sobre ese hueco trabaja Renty Development, una promotora ateniense que compra edificios comerciales sin uso, los transforma en apartamentos listos para entrar a vivir y sigue gestionándolos después de la venta. Tiene cinco proyectos en venta repartidos por el área metropolitana, entre el norte residencial de Nea Erythraia y Neo Irakleio, el barrio de Kallithea y el puerto del Pireo, con pisos de entre 30 y 70 metros cuadrados, todos dentro del tramo de los 250.000.

Ahí está la contradicción que Bruselas prefiere no mirar. La Unión Europea lleva años dando discursos contra las golden visas, presionando a Malta, a Portugal y a los paraísos del Caribe para que cierren sus programas, y a la vez tolera que un socio comunitario venda residencia al metro cuadrado con rebaja si el edificio era antes una oficina. El pasaporte tiene precio, siempre lo tuvo. La trampa es que el Estado lo esconde dentro del precio del inmueble y llama a eso política de vivienda.