Andorra entra en Europa sin soltar la cartera
Andorra y San Marino firmaron el 19 de octubre en Bruselas su acuerdo de asociación con la Unión Europea, y lo hicieron sin renunciar a lo único que de verdad les importa: sus impuestos. Los dos microestados entran en el mercado único sin ser miembros de la UE ni del espacio Schengen. El tratado deja intactos sus regímenes fiscales y sus rutas de residencia para extranjeros.
Andorra cobra como máximo un 10% sobre la renta personal, exime los primeros 24.000 euros y no tiene impuesto de patrimonio ni de sucesiones. El impuesto de sociedades se queda en el 10% y su IVA en el 4,5%. El acuerdo dice negro sobre blanco que la fiscalidad no entra en su ámbito. El paraíso sigue siendo paraíso, con el sello de Bruselas incluido.
San Marino juega con otras cifras, pero con la misma idea. Su IRPF va del 9% al 35% y el impuesto de sociedades está en el 17%, aunque a los residentes atípicos les ofrece un 7% sobre la renta extranjera con un suelo de 10.000 euros al año. Nada de eso se toca. Los dos países se comprometen a intercambiar información fiscal, que es el precio real de sentarse en la misma mesa.
Para el inversor de fuera de la UE la película no cambia. La residencia pasiva andorrana sigue exigiendo invertir un millón de euros en activos del país y pagar 50.000 euros al Estado sin derecho a devolución. San Marino pide 500.000 euros en vivienda o 600.000 en bonos. La libre circulación es para los ciudadanos andorranos y sanmarinenses, no para los residentes extranjeros que les compran casas.
Y conviene no confundir mercado único con pasaporte europeo. Naturalizarse en cualquiera de los dos cuesta 20 años de residencia, y Andorra no admite la doble nacionalidad. El acuerdo ni siquiera está en vigor: necesita el visto bueno del Parlamento Europeo, la ratificación de los Estados y un referéndum en Andorra que podría caer en enero. Mientras tanto, el que quiera mudarse sigue pagando las reglas de siempre, las ponga quien las ponga.

