Libertad

El pasaporte que te pueden quitar diez años después

113% del PIB en deuda pública. Ese es el cálculo del Fondo Monetario Internacional para San Vicente y las Granadinas en 2025, el mismo país que prepara su programa de ciudadanía por inversión para el primer trimestre de 2027. Traducido: un Estado endeudado buscando caja rápida entre extranjeros con dinero.

El primer ministro Godwin Friday presume de que su modelo no será el tradicional. Habla de diligencia debida, de exigencia de residencia y de un fondo blindado por ley. Son intenciones, no un programa en marcha, y ahí está el problema. Un plan de venta de pasaportes se abre en meses. Lo difícil es que siga siendo creíble cuando llegue el primer caso incómodo o el primer descuadre de caja.

Porque el negocio ya no promete lo que vendía. Desde el 30 de diciembre de 2025, la normativa europea de suspensión de visados señala como motivo para quitarte la entrada sin visado los programas de ciudadanía por inversión sin vínculo real con el país. La Comisión Europea pidió después a cinco Estados del Caribe oriental que desmantelen sus programas para junio de 2028. No es una orden de cierre, pero cambia todas las cuentas que hacen los inversores.

Turquía puso el ejemplo que nadie quiere oír. Sus autoridades abrieron diligencias contra 1.070 personas por transacciones inmobiliarias ficticias, después de haber anulado ya 6.134 ciudadanías por fraude o seguridad nacional. El mensaje es simple: la entrega del pasaporte no es el final de la historia, es el principio de la vigilancia.

Un programa serio necesita verificar de dónde salió el dinero, tasar de verdad los inmuebles, guardar registros reconstruibles y darse autoridad para revisar el expediente años más tarde. Todo eso cuesta, y el fondo no siempre lo paga. El propio FMI avisa de que los ingresos pueden quedarse cortos frente al riesgo reputacional y legal que acaban asumiendo los ciudadanos de a pie.

Lo que venden estas agencias es movilidad de por vida. Lo que compras es un permiso que otra administración puede revisar, recortar o anular cuando le convenga. Y el día que Bruselas o Ankara decidan lo contrario, el pasaporte de oro seguirá dorado, pero ya no abrirá ninguna puerta.