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El hijo de Bolsonaro llega por delante

Brasil vota este domingo una segunda vuelta que llega empatada en los sondeos y con Flávio Bolsonaro ligeramente por delante. Las encuestas publicadas el sábado por Datafolha, Quaest, CNT/MDA y AtlasIntel daban al senador entre uno y dos puntos por encima de Lula da Silva, dentro del margen de error. En la primera vuelta el hijo del expresidente encarcelado sacó un 47% frente al 45,16% del presidente, unos 2,2 millones de votos de diferencia.

El guion tiene todo lo que le gusta a Washington: un apellido conocido, un rival de izquierdas que lleva años en el poder y un resultado que media América Latina mira con el ceño fruncido. Trump celebró como una gran victoria el triunfo de Flávio en la primera vuelta, aunque hasta ahora no ha dado un respaldo formal. Lula acusa a su rival de pactar con la Casa Blanca y avisa de que no piensa tolerar injerencias.

Las encuestas dicen una cosa y el cuerpo dice otra. Un punto de ventaja es nada en un país de 200 millones de habitantes donde el voto es obligatorio y el último minuto siempre mueve gente. Quien se fíe de los sondeos brasileños ya sabe lo que pasa: en 2022 también daban ganador a Lula por más margen del que sacó al final.

Lo llamativo es que el establishment brasileño y el europeo estén rezando en silencio para que no se confirme. Un giro a la derecha en Brasil incomoda a Bruselas, descoloca a los socios del Mercosur y deja a la izquierda regional sin su principal referencia. Por eso estos días se habla más de “riesgo democrático” que de lo que vota la gente.

Si gana Flávio, será porque el votante medio está harto y no porque nadie le haya regalado nada. Si gana Lula, será porque la maquinaria del Estado todavía pesa lo suyo. En cualquiera de los dos casos, quien decide no es Trump, ni Bruselas, ni los editoriales de Madrid: es el brasileño que mañana madruga para votar y vuelve a casa sin que nadie le haya preguntado qué opina de la geopolítica.