Washington cobra la herencia a los extranjeros
Si tienes un piso o acciones en Estados Unidos y no eres ciudadano ni residente fiscal, tu herencia empieza a pagar al fisco a partir de 60.000 dólares. No es un error de cálculo, es la letra pequeña del impuesto de sucesiones para el “nonresident not a citizen”. Un estadounidense de a pie transmite 15 millones libre de impuestos en 2026. Un extranjero con un apartamento en Miami, 60.000 y gracias.
El mecanismo tiene una simpleza que da risa. El extranjero recibe un crédito de 13.000 dólares, exactamente lo que cuesta el impuesto sobre los primeros 60.000. Todo lo que pase de ahí tributa desde el 26%, y por encima del millón se va al 40%, el mismo tipo que paga un ciudadano pero con una alfombra ridícula por debajo. Una herencia sujeta de un millón deja en manos del fisco 332.800 dólares.
Solo cuenta lo que está en suelo estadounidense: inmuebles, bienes tangibles y acciones de empresas de allí. Los depósitos bancarios sin relación con un negocio quedan fuera, y las acciones de compañías extranjeras también. La sorpresa llega cuando el heredero va a vender y descubre que el fisco ya tenía su parte apartada desde antes de la firma.
Los plazos no perdonan. El albacea tiene nueve meses para presentar el formulario 706-NA y pagar, y el umbral de 60.000 no se actualiza con la inflación, así que cada año entra más gente. La deducción conyugal, ese consuelo habitual, solo existe si el cónyuge es ciudadano estadounidense o si el dinero acaba en un trust específico. Estar casado con un extranjero no basta para librarse.
El mensaje queda claro para quien quiera leerlo. Estados Unidos quiere tu capital, no a tus herederos: te deja comprar, te cobra mientras vives y cuando mueres le pasa la factura a tu familia por unos bienes que están en su territorio y que nadie va a poder tocar sin abrir la cartera. Y encima cada estado pone su propio peaje por encima, Nueva York incluido. Un país que se vende como la tierra de las oportunidades y luego cobra hasta en el cementerio.

