Criptomonedas

HSBC saca su propia moneda estable para 3,3 millones

HSBC puso su primera moneda estable en manos de más de 3,3 millones de usuarios. El banco británico lanzó RedCoin, un token en dólares de Hong Kong con el ticker RCHKD, dentro de su aplicación PayMe, donde sus clientes ya pueden enviar dinero y pagar en más de 100.000 comercios. La empresa asegura que está respaldada en su totalidad por activos líquidos de alta calidad depositados en cuentas separadas. El mismo banco que durante años miró el cripto por encima del hombro ahora lo vende como producto de la casa.

El movimiento no sale de la nada. En abril, la Autoridad Monetaria de Hong Kong concedió las primeras licencias de emisor de monedas estables a HSBC y a Anchorpoint, la sociedad liderada por Standard Chartered. Anchorpoint empezó en agosto con un despliegue limitado de su token HKDAP enfocado en pagos y liquidación institucional. HSBC llegó después, con la ventaja de tener una aplicación que la gente ya usa para pagar el almuerzo.

Los planes son más grandes que una billetera. El banco quiere llevar RedCoin a su aplicación de banca móvil de Hong Kong antes de fin de año y permitir que sus clientes compren productos de inversión tokenizados, incluida una nueva clase de participaciones de su fondo de dinero en dólares de Hong Kong. John O’Neill, responsable de activos digitales del banco, ya anticipó que vienen más productos y que miran hacia el uso corporativo e institucional.

La lectura cínica es sencilla. Los bancos tardaron quince años en llamar estafa a lo que ahora colocan en su aplicación principal, y el detonante no fue una revelación técnica sino el riesgo de quedarse fuera del negocio de los pagos. Cuando una tecnología amenaza la comisión, el banco la descubre como innovación; cuando la puede cobrar, la integra en su plataforma y la llama producto de confianza.

Nada de esto es bueno ni malo por sí mismo. Que un banco emita su propia moneda digital significa que el dinero programable ya no es una hipótesis de laboratorio, es un servicio al cliente. Y cuando el Estado y los bancos manejan la misma infraestructura, la pregunta importante deja de ser cuánto rinde el token y pasa a ser quién puede apagarlo. Ahí es donde conviene tener una billetera que no controle nadie más.