Portugal duplica el plazo de su pasaporte
Portugal amplió a diez años el plazo para pedir la nacionalidad de los ciudadanos de fuera de la Unión Europea y del espacio lusófono, incluidos los estadounidenses. La norma entró en vigor el 19 de mayo de 2026 y cambia las reglas de un juego que llevaba años vendiéndose como la vía rápida a un pasaporte europeo.
El detalle que casi nadie explica es el reloj. Antes el tiempo de residencia se contaba desde que se presentaba la solicitud y ahora se cuenta desde que se emite el primer permiso de residencia. Ese cambio, sumado al plazo nuevo, alarga el camino bastante más de lo que sugiere el titular oficial.
La Golden Visa sigue siendo la misma promesa de siempre: residir y trabajar en Portugal, moverse por el espacio Schengen y hacerlo con una presencia física ridícula, siete días el primer año y catorce cada dos años. Un plan B barato en tiempo, carísimo en dinero, y ahora con la meta del pasaporte movida de sitio.
Los despachos que venden el programa ya se apresuran a decir que la residencia sigue valiendo por sí misma, que la ciudadanía era solo una parte. Es cierto y también es cómodo. Cuando el Estado cambia las reglas con el dinero de los inversores ya dentro, el consejo siempre es el mismo: paciencia, ya llegará.
Queda un consuelo para los que firmaron antes del 19 de mayo: el régimen transitorio los protege. Para los demás, el mensaje es el de siempre. Las fronteras y los pasaportes no son derechos, son productos, y el vendedor puede subir el precio o alargar el plazo cuando le convenga.

