Latam

2.000 kilómetros por una novia que no existe

Edimar Rocha Martins, albañil de 49 años, recorrió más de 2.000 kilómetros desde Imperatriz, en Maranhão, hasta Belo Horizonte para conocer a la mujer con la que creía tener una relación. La mujer no existía: era un personaje creado con inteligencia artificial, con más de 300.000 seguidores repartidos entre Kwai y Facebook.

El personaje se presentaba como Jéssica Oliveira, también conocida como “Jéssica Fazendeira”. En los vídeos aparecía en un entorno rural con ganado y graneros y prometía al espectador una vida de rey: “quero te bancar”, decía, o “a fazenda vai ser sua”. Edimar vendió lo poco que tenía, cogió el autobús el viernes 9 y llegó a Belo Horizonte el domingo 11 sin tener siquiera una dirección a la que ir.

Pasó los días siguientes enseñando fotos por la calle y preguntando si alguien conocía a Jéssica. Nadie la conocía. Fue una radio local la que le explicó que las imágenes estaban generadas por ordenador. Sin dinero para volver, tuvo que pedir ayuda al servicio municipal de atención al migrante, que le pagó un billete de autobús hasta Tocantins, su tierra natal.

El perfil emitió después un comunicado en vídeo, con la propia voz sintética, negando haber conversado en privado con nadie y asegurando que todo era para ganar seguidores y vender productos. O sea, el fraude viene de fábrica y encima desmiente a la víctima. La explicación de Edimar es la parte que duele: contó que su madre había muerto, que la soledad le estaba comiendo la cabeza y que por eso viajó. “Cuando la persona está en la soledad, en la tristeza, uno acaba creyendo”, dijo.

La Policía Civil de Minas Gerais respondió con la precisión de siempre: crear personajes ficticios con IA no es delito, aunque usarlos para engañar a alguien puede ser estafa. Traducido: mientras nadie presente la denuncia correcta, el negocio de vender soledad a los solitarios sigue siendo perfectamente legal.