Criptomonedas

La oficina cripto de la Casa Blanca está vacía

Trump montó una oficina cripto en la Casa Blanca y ya no tiene a nadie que la dirija. Patrick Witt, el último asesor de activos digitales que quedaba, anunció su salida el miércoles y se va al sector privado. El cargo quedó vacío y nadie puso un nombre nuevo para ocuparlo.

La historia viene de lejos. Cuando Trump volvió a la Casa Blanca, nombró a David Sacks como zar de IA y cripto, y a Bo Hines, exjugador de fútbol universitario, como primer director del consejo de activos digitales. Hines se convirtió en la cara del sector, empujó la ley GENIUS de stablecoins y, cuando la norma pasó, se fue a dirigir la filial estadounidense de Tether.

Hines no se fue con las manos vacías. Su consultora Nxum, montada junto a su padre y otro socio, cobró millones como proveedor principal de un super PAC financiado en buena parte por Cantor Fitzgerald, el socio financiero de Tether. El Wall Street Journal reveló esta semana que Nxum recibió pagos de Tether por consultoría mientras Hines trabajaba el GENIUS en la Casa Blanca.

Witt tomó el relevo y se convirtió en el rostro de la Clarity Act, la ley que debía poner orden en el mercado cripto. Peleó meses, se quejó en público y la ley se cayó en el Senado hace un mes. Cuando Trump nombró a Jay Clayton, exjefe de la SEC, para liderar su fuerza de inteligencia artificial, el puesto ya no mencionaba la palabra cripto.

No es casualidad. Clayton fue el hombre de la SEC que inauguró la regulación por ejecución contra el sector. Ponerlo al frente del área sin cripto en el nombre dice bastante sobre cuánto le importa al gobierno de turno la industria, más allá de los titulares.

El problema real es que la oficina cripto nunca fue un regulador, siempre fue una puerta giratoria. Entra el asesor, aprueba la ley que conviene, y sale a cobrar en la empresa que se benefició. Trump va a seguir diciendo que el sector es prioridad. Lo único que falta es alguien al mando que no esté de paso hacia su próximo contrato.

La moraleja: cuando el que escribe la norma termina en la nómina de los regulados, el vacío de la oficina es lo de menos. El negocio ya está hecho.