Libertad

Argentina vende un pasaporte que no se devuelve

350.000 dólares por la ciudadanía argentina. El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció el viernes pasado los precios del programa de ciudadanía por inversión. La ruta de donación queda por encima de los programas caribeños y por debajo del turco, y la opción de bonos roza los 800.000 dólares. Hasta ahí, un producto más en un mercado que nunca deja de crecer.

El problema es lo que no se dice. El programa todavía no existe. No hay fecha de lanzamiento, no hay certeza de que se apruebe, y pesan sobre él desafíos legales sin resolver. Tampoco se conocen los plazos, los requisitos de nacionalidad ni las tasas adicionales. Lo único firme son los precios, que es justo lo que el estado quiere que veas primero.

Hay un detalle que los compradores con dinero deberían leer dos veces: la ciudadanía argentina no se puede renunciar. El que paga se queda con el pasaporte para siempre, y con él se queda también con lo que decida hacer cualquier gobierno futuro. Si algún día Argentina copia el modelo de impuestos por ciudadanía, no habrá puerta de salida. Caputo vende permanencia, pero esa permanencia es un cheque en blanco firmado contra el próximo que gobierne.

Los optimistas dirán que Argentina no podría ni aprobar ni cobrar semejante impuesto. Tienen razón en la teoría y se equivocan en la práctica, porque si algo caracteriza a este país es ser impredecible con una constancia admirable. Ese es el verdadero precio oculto del programa, y no aparece en ninguna tabla oficial.

Lo demás es negocio conocido. Medio mercado se pelea por el pasaporte más barato y el otro medio espera el programa perfecto que nunca llega, mientras sigue comprando seguros de vida y redactando testamentos bajo una sola nacionalidad. El que ya tiene su segundo pasaporte duerme tranquilo y el que lo posterga acumula riesgo en un solo domicilio. Pagas 350.000 dólares por un papel que no puedes devolver. Lo raro no es que el estado lo cobre, sino que alguien crea que sale gratis.