Latam

Tres horas de terror en una escuela de Curitiba

Un hombre armado con un cuchillo retuvo a 13 menores y a varios trabajadores durante casi tres horas en una escuela de Curitiba, en el sur de Brasil, el viernes 9 de octubre. Lo abatió la policía. Los niños salieron vivos. El final, el tiroteo y las circunstancias exactas siguen sin estar del todo claros.

El operativo fue grande: batallón de operaciones especiales, negociadores, zona acordonada mientras la ciudad miraba. La teniente Letícia Donatello confirmó la liberación de los trece menores. El capitán João Roberto Galeto había contado antes que el hombre se encerró en una sala con una veintena de niños. Entre el primer número y el último hay una diferencia de siete criaturas que nadie terminó de explicar.

Hay algo que incomoda en cómo se cuenta esto. Se habla de operativo exitoso porque los rehenes salieron vivos y el secuestrador está muerto. Nadie pregunta cuánto tiempo estuvo ese hombre dentro antes de que llegara el primer patrullero, ni quién lo dejó entrar, ni por qué una escuela del sur de Brasil tuvo tres horas de margen para que alguien con un cuchillo hiciera lo que quisiera.

La escuela es el lugar donde el Estado promete proteger a los niños todo el día y donde, cuando algo pasa, la respuesta siempre llega después del daño. Se promete seguridad, se financia la seguridad, se hacen discursos sobre la seguridad, y al final el que resuelve es un tipo con una pistola que llega tarde. Los trece chicos están vivos por los negociadores y por suerte, no por un sistema que funcionara.

La moraleja es amarga: cuando el enemigo es uno solo y ya está adentro, las tres horas de espera se vuelven el verdadero problema. Y ese problema no se arregla con un comunicado de la policía.