Libertad

Letonia revisa sus visados dorados por un fraude

Letonia ha abierto una investigación sobre el uso de sus permisos de residencia por inversión. El ministro del Interior, Jānis Dombrava, ordenó revisar el papel de Ņina Linde en la concesión de visados dorados a ciudadanos extracomunitarios. Habla de varias decenas de casos y ya metió en el expediente a la Oficina de Ciudadanía y Migración y a la Unidad de Inteligencia Financiera.

El asunto gira en torno a una oferta de inversión de 50.000 euros, justo el mínimo de la ruta de capital social, la única vía de inversión que sigue viva desde que la nueva ley de inmigración entró en vigor el 15 de septiembre. Según la televisión pública letona, la empresa prometía ayuda para obtener el permiso a cambio de meter ese dinero en una residencia de lujo para mayores en el pueblo de Spuņciems.

El problema es que esa residencia no existe. La web habla de un complejo de rehabilitación con 110 habitaciones, 136 camas y spa, pero no da ninguna dirección. El ayuntamiento de Mārupe asegura que la empresa compró un edificio en 2022 y que desde entonces no ha pasado nada allí.

Letonia vendió durante años el sueño de la residencia europea a precio de saldo: 50.000 euros en una empresa, 10.000 de tasa estatal y a vivir. La letra pequeña pedía que la sociedad pagara al menos 40.000 euros anuales en impuestos, no pasara de 50 empleados y no metiera a más de diez extranjeros. En abril, un programa de investigación ya detectó a más de veinte empresas sospechosas de facilitar inversiones ficticias.

El ministro lo dice sin rodeos: hay que ver si estas personas hicieron negocios de verdad o si usaron el sistema para tener una base formal donde vivir. Mientras el gobierno presume de endurecer los controles, los inversores que pusieron su dinero confiando en las reglas europeas se quedan mirando cómo se les cae el negocio. El visado dorado siempre tuvo el mismo problema: la puerta la abre el que cobra, no el que controla.