Perú y Venezuela se reparten migrantes por teléfono
Dos presidentas que no se reconocían hace dos años coordinaron por teléfono la expulsión de venezolanos indocumentados. Keiko Fujimori, presidenta de Perú, y Delcy Rodríguez, encargada de Venezuela, hablaron el jueves para acordar los vuelos del plan Vuelta a la Patria y las deportaciones desde suelo peruano. Ambas lo contaron ellas mismas en X.
Fujimori dijo que la conversación sirvió para abordar la cooperación entre nuestros países y agradeció la disposición de Caracas. Rodríguez propuso mecanismos para el retorno seguro de sus connacionales. Los cancilleres, según Lima, ya trabajan en los protocolos para concretarlo por vía aérea.
Suena cordial. El problema es la memoria. En julio de 2024, el gobierno venezolano rompió relaciones con Perú y cerró sus consulados después de que Lima reconociera a Edmundo González Urrutia como presidente electo y no a Nicolás Maduro. Ahora, dos años más tarde, ambos países reanudaron relaciones en julio y ya organizan deportaciones en conjunto.
El ministro del Interior peruano, César Astudillo, había anticipado deportaciones masivas de venezolanos en situación irregular y hasta barajó hacerlo en barcos. Luego Fujimori habló de vía aérea. Lo único seguro es que la persona que huye de un país se convierte en moneda de cambio entre los dos gobiernos que la expulsan y la reciben.
Perú justifica la medida con la lucha contra el Tren de Aragua y el crimen transnacional. Puede ser cierto. Pero nadie explica por qué el migrante común, el que se fue porque en su país no hay comida ni futuro, paga las consecuencias de un protocolo diplomático.
Caracas ofrece retorno seguro. La frase es un chiste si el país al que vuelve sigue siendo el que obligó a irse. La moraleja: cuando dos Estados que se ignoraban se abrazan, conviene mirar quién queda en el avión.

