Jordania cobra el pasaporte en puestos de trabajo
Jordania nacionalizó a 21 inversores en el segundo trimestre a cambio de algo más de 33 millones de dólares y 767 empleos para jordanos. Sale a un millón y medio de dólares y 36 puestos de trabajo por cada pasaporte firmado.
El dato lo presentó el primer ministro, Jafar Hassan, al consejo de ministros. Junto a esos 21 nuevos ciudadanos, otros seis inversores se quedaron con permisos de residencia tras comprometer casi dos millones de dinares, unos 2,8 millones de dólares. En total, el programa acumula 687 aprobaciones desde que nació en 2018.
A diferencia de lo que se vende en el Caribe, aquí no basta con girar un cheque y desaparecer. Las normas que el Gobierno fijó en julio de 2025 cambiaron tres categorías amplias por ocho rutas concretas, pusieron un techo de 500 inversores al año y exigen mantener el activo tres años. El pasaporte llega de forma temporal, por tres años, antes de la nacionalización plena.
Traducido al idioma del ciudadano: Jordania no regala papeles, los pone a trabajar. Cada expediente tiene que sostener negocios que empleen gente real, con contratos y cotizaciones, no cifras bonitas en un folleto de consultoría.
Se puede discutir el método, y conviene hacerlo. Vender ciudadanía suena sucio cuando lo hace un país pobre y suena a política pública seria cuando lo hace uno rico. Pero hay una diferencia entre un programa que solo cobra y uno que además exige crear empleo. El jordano medio no va a votar al inversor que le dio trabajo, y aun así cobra antes que muchos discursos de Bruselas.
Lo interesante es lo que revela. Mientras media Europa cierra golden visas por miedo a la opinión pública, los países que de verdad necesitan capital van en la dirección contraria y lo hacen con condiciones. No es caridad ni patriotismo de pancarta. Es un intercambio: tú pones dinero y empleo, ellos te dan un pasaporte. Al menos aquí nadie finge que la ciudadanía no se compra.

