Messi se despide entre lágrimas en Buenos Aires
Lionel Messi jugó su último partido con la selección argentina y lo cerró como los grandes: gol de penal y dos asistencias en el 3-0 contra Benín. El estadio de Buenos Aires se llenó para despedir al hombre que les dio el Mundial. El de 39 años, ocho veces Balón de Oro, se fue entre lágrimas.
Sobre el campo hizo lo de siempre. Asistió a Nicolás Otamendi y a Nico Paz antes de marcar de penal en el minuto 71. Con ese partido llegó a 208 internacionalidades y 126 goles con la camiseta albiceleste, cifras que no va a igualar nadie en mucho tiempo. El público lo acompañó hasta el último minuto y él devolvió el cariño con la pelota.
A Messi le salió un adiós de verdad, no el anuncio frío de un comunicado. En un país capaz de emocionarse con un futbolista hasta las lágrimas, la despedida se vivió casi como una fiesta nacional. Y está bien que sea así, porque pocas cosas le quedan a los argentinos tan limpias como el orgullo de haber tenido al mejor de la historia en su camiseta.
El contraste es el de siempre. Un tipo que se va ovacionado por lo que construyó a base de talento y trabajo, frente a una clase política que sigue gobernando un país quebrado a base de promesas. Messi deja el fútbol argentino en lo más alto. A los que manejan el país, ni en sueños se les puede pedir lo mismo.

